El Estartapero Ostentoso

El estartapero ostentoso

Este es uno de esos pasajes, de la historia de cada cual, que los años van echando en el olvido, y que vuelven cuando te encuentras con el iluminado de turno que quiere que le “compres la idea”, para ser más políticamente correcto diré que quiere “poner en valor” las bondades de su “moto con despegue vertical”.

La semana llevaba trazas de normalidad, un tanto aburrida, hasta que me crucé con el estartapero de turno. Un estartapero, como veremos más adelante, del grupo dos, que puso un poco de chispa a la monotonía. Me hizo recordar tiempos pasados y le quiero enviar este mensaje.

El estartapero

Podemos definir al prototipo de estartapero como varón, de entre 25 a 34 años, con estudios universitarios, en ocasiones con formación de posgrado, con experiencia laboral por cuenta ajena, pero sobre todo con hambre emprendedora.

Hay varias características que nos ayudan a tipificarlos en dos grupos:

  • Con experiencia profesional por cuenta ajena, o sin ella
  • Enamorados de la diversidad, o endogámicos
  • Con experiencia (fracasos) en aventuras anteriores, o sin ella
  • El salario y los signos externos no son importantes, o si lo son
  • La paciencia y perseverancia, o la “brillantez del más listo de la clase”.

Afortunadamente, muchos son del grupo de los sensatos, el primero.

Los otros, los del grupo segundo, están enamorados de su idea, enamoramiento ciego y sin fundamentos sólidos, talibanes tecnológicos, que no se han dado una vuelta por el mundo a ver si su rueda ya la ha inventado otro. No ven más allá de la punta de su nariz, tienen un ego desmedido, y piensan que la imagen lo es todo.

Los conozco bien:

  • A finales de los 90 en Netjuice, una consultora experta en internet, evaluábamos cientos de startups al año, incubábamos a unas cuantas e invertíamos en muy pocas. Allí pude comprobar que la regla 1-10 es inexorable. Nueve de cada diez startups cierran antes del tercer año. Y tuve la suerte de conocer a todo tipo de innovadores y estartaperos.
  • Unos años después colaboré con otra startup. Era un spin-off de la universidad, con un producto IA que se iba a comer el mundo. A la vuelta de tres años, el mundo se tragó a la startup y la mandó a criar malvas. Ya os imagináis la historia, un producto con posibilidades en manos de unos frikitekis sin experiencia ni conocimientos de negocio para hacer volar la idea.

Así que, como decía, conozco bien y de primera mano a estos estartaperos del segundo grupo.

La ostentación

Recuerdo, de esas épocas de incubador, un proyecto que estaba co-financiado por una de las grandes inversoras internacionales, no podría asegurar ahora mismo si era 3i, Warburg Pincus u otra similar.

En esa operación yo coordinaba el equipo que asesoraba a la startup en la implantación de la estrategia, por tanto, participaba en el consejo de administración, junto con el propio cliente, y una representación importante de los inversores.

Era impactante ver como la tarde anterior a la reunión del consejo empezaban a aterrizar por la oficina tipos con unas experiencias a sus espaldas impresionantes.

Su trabajo era estar en reuniones como la nuestra todos los días para revisar y asesorar sobre  las operaciones de sus participadas. Llegaban como los comandos de las películas que se juntan para una misión especial, uno que era experto en finanzas venía desde Camberra donde ayer había asesorado a otra participada, otro experto en tecnología venía desde Ciudad del Cabo, otro en riesgos desde Dublín, y así hasta un total de 4 o 5.

Pasaban entre 24 y 48 horas con cada participada y después se iban a la otra punta del mundo a controlar y asesorar otras inversiones.

Eran gente normal, de apariencia normal, que se alojaba en hoteles normales, y viajaban en turista, pero con conocimientos y experiencias que ya nos gustarían a muchos. Gente que se tomaba su trabajo de forma normal, que esperaba trabajar con gente normal, con el único propósito de que las inversiones de sus representados proporcionasen las mejores y más seguras rentabilidades.

El plan de negocio de nuestra startup se iba cumpliendo religiosamente mes tras mes, evolucionaba de forma estable, sin demasiados quebraderos de cabeza, todo transcurría de forma normal.

Yo presumía que tendríamos una reunión tranquila, de las típicas, revisar números, algunas recomendaciones para corregir desviaciones menores, unos cuantos bocadillos para el almuerzo, y por la tarde revisión de planes y objetivos para los próximos 30 días. En definitiva, lo de siempre para un proyecto que va bien y cumple con los criterios de buen gobierno de sus inversores.

Sin embargo, ese día apareció nuestro estartapero en un coche de alta gama, nuevecito, con todos los extras y embuchado en un traje de marca que no se pagaba con el salario de tres o cuatro consultores de la época.

La reunión se torció desde el principio, los expertos empezaron a hacer preguntas y más preguntas, a matizar, a sacar punta y salvedades a todo lo que se les presentaba. Menos mal que ya teníamos en el banco los dineros de la última ronda de financiación, sino la cosa habría estado muy complicada.

A los bocadillos hubo que añadirles algunos antiácidos para que no se nos complicase la digestión más de la cuenta y al final de la tarde algunas aspirinas para los dolores de cabeza.

Como decía antes, el negocio evolucionaba según lo esperado, pero cuando el que pone el dinero es gente normal, espera que tu negocio sea rentable, pero sobretodo espera que tú seas normal y por normal, en este caso es parecido a ellos.

Moraleja

No es que nadie tenga nada en contra de los coches y los trajes de alta gama o un estilo de vida glamuroso pero cuando estás pidiendo dinero para financiar tu empresa es mejor que no parezca que te lo estás gastando en lo que no debes.

Dice el refrán “Dónde fueres haz lo que vieres”, una gran recomendación para todos. Para los más veteranos porque la experiencia y la edad no son patentes de corso, y para los más bisoños para que no cometan los errores propios de la juventud y la inexperiencia.

Nota: Esté artículo ha pasado un análisis de legibilidad y ha obtenido la calificación de “Bastante Fácil”.

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