Cómo aprendí a bailar y ¿tú a escribir propuestas?

Cómo aprendí a bailar, y ¿tú a escribir propuestas?

Aprender a bailar cuesta años, y a escribir también. Lo que es muy rápido es aprender un baile para una situación puntual o aprender a escribir propuestas ganadoras. Yo aprendí el baile de apertura de la boda de mi hija en 20 sesiones de una hora. Tu puedes aprender a escribir propuestas ganadoras en 2 días.

Cuando tienes orejas, pero no oídos

Hace muchos años, seguramente en primero de bachiller, no el de ahora, sino el de mi época, el de los años sesenta del siglo pasado, que cursabas cuando tenías once años, nos hicieron una prueba para cantar en el coro del cole.

Con un padre cantante aficionado, actor aficionado y bailarín aficionado debería haber pasado la prueba para estar en el coro del cole sin problemas, pero no fue así. Creo que en ese apartado salí a mi madre.

En varios momentos en que estábamos cantando, el profe de música se acercó a mí y como a los cinco minutos me pidió, amablemente, que abandonase el aula.

Luego, una vez acabadas las pruebas, me vino a decir que no es que cantase mal, sino que además arrastraba a otros de los alrededores que, no cantaban mal del todo y, podrían ser aprovechables. Ahí, en ese instante, acabó mi carrera como cantante.

Posteriormente, en las clases de música también tuve problemas con artefactos malditos como la armónica o la flauta dulce, que en bocas de gente normal emitían canciones y en la mía graznidos.

El espectro del problema amplió con los idiomas, primero con el francés y luego con el inglés. A este último le dediqué mucho tiempo y esfuerzo, he trabajado en inglés en bastantes ocasiones, y he podido observar que en lectura, comprensión y escritura soy razonablemente bueno, que cuando hablo la gente me entiende, pero cuando la interface es mi oreja siempre vuelven los problemas de marras.

El día de mi boda

Mi problema con la música, el cante y todo lo que tuviese que ver con el oído como periférico de entrada era tal que mis capacidades para bailar cualquier cosa que no fuese un “chunta chunta”, y tuviese que ver con pasos, melodías y sincronismos musicales era nulo. Tan es así, que el día de mi boda mi mujer aceptó que no bailásemos. Y así fue, soy uno de los pocos novios de este país, y esa generación, que no bailó el día de su boda.

La boda de mi hija

Sin darte apenas cuenta, pasan los años y un buen día tu hija te dice “Papá, el año que viene me caso”.

Te alegras, por tu hija, y empiezas a reflexionar sobre el año de preparativos, visualizas el día de la boda y en algún momento te ves en la entrada a la iglesia con tu hija del brazo, luego la celebración y sin darte cuenta el monstruo, que tenías olvidado, resurge de nuevo, y vuelve la pesadilla de la música y el baile.

Sabes que te va a tocar bailar un rato con tu hija. Ahora, ya estás más maduro y templado que hace treinta años, y sabes que no te puedes negar, es más, te tienes que ofrecer. Te entra el tembleque solo de pensarlo, pero te sobrepones. A estas alturas de tu vida, que ya has hecho guardia en peores garitas, estás dispuesto a afrontar el reto con dignidad. Por una hija, lo que sea.

Tienes margen de tiempo de sobra, así que te apuntas, con tu contraria, a clases de baile. Esas clases dónde parece que tienen prisa por despacharte rápido. Hora y media los sábados con foxtrot, bachata, merengue, y pasodoble, a razón de cuarto de hora cada uno, y el sábado siguiente lo mismo, bueno lo mismo no porque te enseñan más pasos y más figuras … y tu oído sigue tabicado, como siempre, y tú eres el foco de atención de la profesora.

Cuando los sábados llegaban las cuatro de la tarde y se avecinaba la hora de ir a clases de baile, me ponía enfermo, como cuando tenía que ir a un examen del cole o la universidad y sabía que me iban a suspender. Un trauma digno de ir a visitar a un psicólogo.

Pasaron cuatro meses y nos borramos del baile, aquello no me servía. Ya estaba a menos de seis meses de la boda  y con el problema sin resolver.

Mi hija quería abrir el baile conmigo así que tuve que buscar nuevas alternativas de solución. Mi amigo Fernando, bailarín aficionado de pro, me recomendó unas clases particulares. La idea era que los novios eligiesen una melodía y el profe, o la profa, nos preparase una coreografía sencillita en la que yo pudiese estar presente, y a la vez pasar inadvertido, cosa, por otro lado, bien jodida si eres el que abre el baile con la novia.

Hice caso a mi amigo Fernando, y aquí estamos con la boda ya celebrada, y el baile de apertura resuelto con elegancia y profesionalismo.

Nos tomó unas quince clases de una hora encima de los zapatos para sacar menos de dos minutos de baile, y prácticas intensivas diarias con mi hija una semana antes de la boda.

Como puedes comprender no me he convertido en Fred Astaire, Isadora Duncan o Chayanne, pero el día de la boda de mi hija bailé mis dos minutos como un campeón.

El truco es aprenderte todo de memoria y ser capaz de contar mentalmente los pasos que debes dar, hacia donde los tienes que dar y que pausas tienes que hacer. El truco tiene una segunda parte que es contar y practicar, contar y practicar, contar y practicar hasta que te duelan los pies.

Me decía la profa, ex bailarina, que los grupos de baile profesionales ensayan al menos cuatro horas diarias cinco días a la semana durante un año antes de empezar una gira.

Cuando tienes lápiz, pero no sabes escribir … propuestas

A todos nos han enseñado las letras, a construir palabras, a construir oraciones y frases, a analizar textos, pero ¿cuándo te han enseñado a redactar una propuesta? a la mayoría nunca.

Como en el baile, no vale apuntarse a un cursillo o taller de redacción porque te enseñan escritura creativa, redacción de relatos, redacción de guiones, escritura periodística… pero no a escribir propuestas.

No se trata de convertirte en un escritor profesional, porque entre otras cosas no tienes tiempo, necesitas algo rápido, concreto, ágil y que no se pueda romper a pesar de lo mal que lo hagas, se trata, en definitiva, de convertirte en un profesional de la redacción de propuestas.

Se trata de que seas capaz de dar respuesta a preguntas como las siguientes:

  • ¿Cuál es la mejor manera de cumplir con lo que me solicita el cliente?
  • ¿Me ciño a lo que pide el cliente o añado cosas que sé de él, pero no están en la RFP?
  • ¿Utilizo el formato de mis propuestas de siempre u otro?
  • ¿Qué hago para que la propuesta parezca personalizada?
  • ¿Escribo sobre los problemas del cliente o solo de lo que voy a hacer?
  • ¿El tono debe ser técnico, de negocio, ambos?
  • ¿Cómo le digo que lo que yo le ofrezco es lo mejor?
  • ¿Cómo le digo que lo que ofrecen los demás no le sirve, o es peor que lo mío?
  • ¿Cuento lo que voy a hacer, o hay estrategias y métodos para contar los beneficios que va a conseguir el cliente?
  • Todos los proyectos entrañan riesgos ¿Hablo de ellos o lo evito?
  • ¿Cómo me aseguro de que mis textos son claros y sencillos de comprender?
  • ¿Debo poner gráficos y visuales? ¿Cuántos? ¿Cómo? ¿Dónde?
  • ¿Word o PowerPoint?
  • ¿Qué aspecto debe tener el documento para que sea influyente y persuasivo?

Las preguntas anteriores y muchas otras tienen respuestas que están soportadas por métodos, técnicas y herramientas para que aun vendiendo cosas parecidas a las de tu competencia, a precios similares o incluso superiores, tu propuesta sea la elegida.

Conclusión

Como en el baile de la boda de mi hija, no se trata de convertirte de la noche a la mañana en un bailarín/escritor profesional, se trata de usar un método que te ayude a mejorar rápida y exponencialmente tu rendimiento, y por tanto el de tu empresa, a la hora de escribir propuestas y ganar contratos.

Sí quieres saber más, contacta con nosotros.

Nota: Esté artículo ha pasado un análisis de legibilidad y ha obtenido la calificación de “Bastante Fácil.

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